Hoy queremos reseñar unas notas de agradecimiento, así como aportar una ventana de expresión hacia D. Miguel Franco.
La motivación no podía ser otra que la pasión por la música y los lazos afectivos que este arte aporta.
Sirva el presente artículo, de breve resumen de los caminos que conducen a una creación musical, inspiraciones tanto casuales, como salidas de un recorrido personal, que aprecia con ojos artísticos, nuestros más habituales momentos como pueblo.
En este caso un gran músico y compositor, D. Miguel Franco ha obsequiado para su estreno, a nuestra Banda de Música del Patronato Amigos del Arte de Güímar, una marcha procesional dedicada al venerado Cristo de la Expiración o Cristo Negro.

La marcha, con el título "Cristo de la Expiración", ha sido interpretada en esta reciente semana Santa 2024 por nuestra Banda. A lo largo de la historia, y la nuestra ya es larga con nuestros recién cumplidos 170 años, distintos compositores han hecho ofrendas musicales a varias de las imágenes del municipio, las cuales continuamos interpretando en honor a sus imágenes y cofradías, en el momento de su día de su salida y recorrido. Esta nueva marcha, pasa a incorporarse a nuestro repertorio.
Miguel Franco, o de Mena, como sobrenombre artístico, actualmente reside en Madrid y es un músico destacado, actual contrabajo solista de la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española. Su larga trayectoria interpretativa en esta formación, se une a su faceta como compositor, pues la música es imparable y se abre paso en todas sus expresiones.

En su última visita a Güímar, pudimos compartir una tarde nuestra sede y recibir de su propia mano su composición.

Miguel Franco y Fernando Díaz (presidende), junto a la imagen de D. Miguel Castillo Alfonso
Les ponemos a continuación las palabras de D. Miguel Franco, quién mejor que en primera persona para contarnos esta historia musical personal.
NOTAS A LA MARCHA SOLEMNE
”CRISTO DE LA EXPIRACIÓN”, de Miguel de Mena

Asiduo de Güímar, donde el amor me trajo hace más de tres lustros, no hay año en que no me sorprenda algo entre sus calles, su gente, sus playas o su historia misma. Güímar me brinda la cercanía que la metrópolis me niega en su inmensidad, pues lo grande se empequeñece cuando lo pequeño se hace grande. Es por eso que aquí se agudiza la condición humana y abunda el tiempo de recreo en los detalles.
Sin mayores adornos que el buen corazón de sus gentes, asistí hace ya un tiempo y por primera vez a la Semana Santa de Güímar. De la mano de mi esposa, Victoria, güimarera de cuna, contemplé procesionando las consabidas santas figuras que, en sus distintas y variadas manifestaciones, se prodigan por todas las Españas en esta época de acentuada espiritualidad.
Ebrio de incienso y santidad, me dejaba llevar por los sones acompasados de la Banda a la vez que Vírgenes, Cristos y Santos diversos, verdaderos artífices del arrobo popular, se sucedían indistintamente a hombros del compás y apoyados en los redobles. En un cierto instante, bastó un leve gesto de mi hija Alba para salir del éxtasis que me embargaba. “Mira, papá, ese Cristo es distinto”, me dijo. Era el Cristo negro, Cristo de la Expiración, que frente a nosotros, desde Güímar de Arriba hasta San Pedro, mostraba sobre el bronce oscurecido las huellas de su agonía.
Como compositor afincado en Madrid, de ya larga trayectoria y variados escenarios, conducido inexorablemente por una inmemorial voz interior que me atosiga, todo mi fatuo atuendo se vio entonces reducido, como en el Cristo de la Cruz, a lo más humilde indispensable. Y de esta manera lo traduje en la música que soñé que me dictaba el Sacrificado en dicho encuentro: una nota larga, sostenida sobre un bajo solemne, tres bemoles en la armadura como las tres cruces del Calvario y el posterior despliegue de una melodía sutil y franca que interroga y otra que resuelve más tarde ingenua y clara en el modo mayor. Eso es todo, que es mucho cuando se siente eterno.
La marcha solemne “Cristo de la Expiración” está inspirada en la imagen del mismo nombre ubicada en la Ermita del Calvario del barrio de San Juan. Está dedicada al pueblo de Güímar y, por extensión, a todos sus ciudadanos de parte de uno, el que suscribe, que aspira a serlo de este noble pueblo. Deseo, por último, que quede constancia de mi emotivo agradecimiento a Benigno González Coello y Juan Carlos Rodríguez Delgado, director y subdirector de la Banda Municipal, a Fernando Jesús Díaz Elías, presidente de la misma, y a todos los músicos que donan generosamente su talento a la causa, por haber hecho posible el estreno de mi obra.
Miguel Franco (de Mena), compositor.









